El movimiento asociativo vecinal tiene un papel protagonista que desempeñar en el acercamiento del vecino al técnico y al político, de recuperación de la vida del barrio como lugar de referencia y de cercanía para el ciudadano, elemento acogedor de convivencia y dotador de redes de apoyo, de solidaridad y de participación.
El barrio debe recuperar su espacio de relaciones primarias, después de la familia. Y ello requiere de espacios que permitan al ciudadano el reencuentro y el diálogo, una vía a través de la cual se canalicen de forma autogestionada y se de respuesta a sus necesidades. El vecino debe tomar la iniciativa y el compromiso de la solución de sus problemas, exigiendo a los responsables políticos la habilitación de las soluciones, pero desde una posición de mutua corresponsabilidad, no de exigencia sin implicación.
La creación de ciudadanos y de identidad ciudadana es un proceso lento, a largo plazo, pero debe ser constante con orientaciones basadas en la reflexión, la evaluación continua, la puesta en práctica, el análisis permanente de la realidad para detectar nuevas necesidades y formas: constantemente adaptándose al cambio social.
Desde la Federación entendemos que las intervenciones sociales deben plantearse de forma intergeneracional, intersectorial e intercultural: la ciudadanía es diversidad, y en ello estriba su riqueza. Pero para que no se convierta en foco de conflicto social, apostamos por la cultura como elemento nivelador de desigualdades y generador de conciencia social, y el papel del ocio y tiempo libre con su educador y potencial generador de cohesión y de redes.